Día 3. Presa Hoover y Gran Cañón de Colorado

Tras desayuno y checkout en el hotel The Venetian, nos fuimos a la oficina de alquiler de coche Avis, situada en el hotel Bellagio. Nos dieron un coche automático e hicimos pruebas en el parking para saber cómo iban las marchas. Tras acabar el viaje reconocemos que es una maravilla conducirlos, y sobre todo por aquellas carreteras eternas e interminables, propias de tierras americanas. Así que pusimos en Maps, gran cañón y empezamos a hacer millas. De camino sabíamos que haríamos por lo menos una parada. La presa de Hoover.

Sabíamos que íbamos a ver muchos sitios que tan solo conocíamos por las películas. Y la presa Hoover es uno de ellos. Es una construcción de principios de los años 30, y arquitectónicamente hablando, tiene muchos motivos decorativos del art decó imperante en las edificaciones de esa época. Es una de las presas más grandes que hemos visto. Situada a poco menos de una hora de Las Vegas, y en pleno desierto, acoge millones de litros de agua. Muchos turistas visitándola. Hay un enorme parking donde aparcar el coche y en máximo dos horas ya lo tienes visto.

Merece la pena visitarla por estar considerada, uno de los edificios de art decó más representativos de los Estados Unidos. Se puede recorrer por encima de ella y pasar de un lado al otro y ver las grandes dimensiones. También puedes visitar un centro de interpretación.

Desde Hoover, seguimos ruta por las carreteras infinitas hasta Gran Cañón. Pero antes hicimos una parada en el restaurante de una gasolinera a reponer energías. Decir que la gasolina está a prácticamente la mitad de precio que aquí. Y aunque hagas muchos kilómetros no te dolerá tanto repostar.

Tras tres horas de carreteras largas y de un paisaje semi desértico, nos fuimos adentrando en una zona algo más boscosa que nos indicaba que nos estábamos acercando al Gran Cañón de Colorado. Y así fue, en un momento llegamos al parque nacional y pudimos ver que había una parada para uno de los primeros miradores que íbamos a descubrir. Están muy bien señalizados y no te puedes perder. Entonces fue cuando bajamos del coche y andamos unos metros. En ese mismo momento se oyó un “woaaaaalaaaaaaaa” por parte de los tres, que nos salió del alma al ver aquello por primera vez.

Nos encontrábamos antes uno de los cañones más profundos del mundo y y más impresionantes en cuanto a longitud de un lado a otro. No tenía fin. Creo que hasta ese momento jamás habíamos visto algo así. Nos dejó sin palabras por un momento.

Hay un camino que va bordeando el cañón con vistas de vértigo y un paisaje deslumbrante. Puedes recorrerlos desde diferentes puntos de visita y miradores. En la entrada te dan un plano de todo el cañón. Con lo que ver y hacer desde los diferentes puntos del recorrido.

Cómo estaba a punto de atardecer, decidimos quedarnos a verlo desde otro mirador que tenía una torre, hasta que el sol se ocultara por las paredes del cañón.

Un momento mágico que no olvidaremos jamás.

Una vez oculto el sol, nos dirigimos hacia pueblo de Flagtaff, donde habíamos reservado noche en un pequeño hotel. En esta población, puedes encontrar alojamiento a muy buen precio. Al día siguiente más y mejor.

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