Día 12. Playas del sur Unawatuna y alrededores.

Tras pasar una noche de tormenta continua, nos despertamos con el cielo bastante nublado, pero no llovía por lo menos. Así que decidimos ver a pie, los alrededores de Unawatuna. Nos habían hablado de una playa que estaba cerca de nuestro hotel. Así que nos llevamos una botella de agua y nos pusimos a caminar. De paso veríamos la arquitectura típica de este pueblo.

Fuimos siguiendo las indicaciones de jungle Beach. Fuimos dejando las casas hasta que nos adentramos en la selva prácticamente. El camino no está mal, pero hay que tener precaución de no resbalar por la humedad de las rocas.

Y así, después de subir una pequeña colina, bajamos hasta una pequeña playa. No sabíamos si era jungle beach o no. Pero nos tumbamos un rato. Desde allí vimos que había gente que iba y venía por otro camino. Decidimos seguir por ahí a inspeccionar.

Así que decidimos seguir por ese otro camino a la derecha de la playa y por fin llegamos a una playa cerrada, mucho más grande, y que disponía de tumbonas de madera y un pequeño chiringuito donde servían bebidas. La playa es espectacular e imagino que sí hubiera hecho sol se hubiera visto casi paradisíaca. Pero con el tiempo nunca se puede apostar.

Tras tomar un par de zumos naturales y un pequeño baño, decidimos volver pues el tiempo no acompañaba demasiado y anunciaba lluvia en nada. Al venir habíamos visto que había un pequeño templo japonés budista y quisimos verlo. En lo alto de una pequeña colina, divisando el paisaje del mar encontramos este templo que nos dio mucha paz a la hora de visitarlo. Perfectamente cuidado y silencioso, dedicamos un rato a verlo. Es una moderna pagoda de la paz, toda pintada de blanco y con vistas espectaculares.

Cuatro buddhas en diferente posiciones se encuentran en los puntos cardinales de la pagoda. Un remanso de paz para un día nublado.

Después volvimos al hotel antes de que se pusiera a llover. Por suerte no nos mojamos durante toda la mañana. Y aún nos dio tiempo de tomar una cerveza Lion en el hotel.

Como el tiempo no acompañó demasiado, decidimos aprovechar la tarde para hacer compras en las muchas tiendas de souvenirs y regalos que teníamos alrededor del hotel. Por cierto, sobre venden alguna camisa o camiseta o pareos en la playa, te recomiendo que los ignores, y colores en las tiendas. Están mejor de precio que las vendedoras de la playa. Y encontrarás las mismas cosas. Dicho está.

Ya por la noche, bajamos al bar del hotel para cenar y casualmente estaban tomando algo en la mesa de al lado, una pareja que resultaron vivir en Barcelona y muy cerquita de nuestra casa. Acabamos tomando un montón de cervezas entre risas y comentarios de viajes. Una noche muy agradable. De hecho, quedamos con ellos para el día siguiente.

Día 11 // Día 13