Día 4. Sigiriya Rock. Atentados.

Hoy toca la visita más importante de Sri Lanka. Subir por esta impresionante roca y ver el antiguo pueblo q tuvo su esplendor en siglos anteriores. Parece que va a ser una excursión de esas que se te quedan grabadas de por vida en la mente. El precio es algo caro, aunque en su defensa diré que vale la pena, y mucho. No voy a poner precios de entradas pues dependiendo de cuando vayáis pueden variar. Además, si vas a Sri Lanka es para ver todo lo más importante y si no no vas….así pues, no importa lo que cueste ver algo que podría ser como un Machupichu de Perú, o una sagrada familia en Barcelona. Para llegar allí desde nuestro hotel tomamos un tuk tuk que nos costó nada y menos y tardó 5 minutos desde el hotel. Estábamos muy emocionados, tanto, que solo llevábamos dinero en tarjeta y un poco en cash. Hay que pagar la entrada en cash, pero si se te olvida, allí cerca hay un ATM donde puedes sacar rupias en metálico. Recuerda también q como ciudad sagrada q es, tendrás que respetar la vestimenta apropiada.

Para empezar, nos encontraremos con los jardines reales y unos grandes depósitos de agua , que en su dia fueron esplendorosos y hoy aún, nos dan una imagen de lo que pudo ser en su momento.

Pasados los jardines empezaremos a subir unas cuantas escaleras de piedra primero y metálicas después que te van llevando a visitar las tres cosas importantes a ver en esta roca.

En la primera parada podrás ver en el interior de una pequeña cueva unos frescos de diosas hindús, muy bien conservados. Pero esta prohibido hacer fotos, y aunque intentes sobornar al vigilante, no accederá a dejarte hacer fotos. Así que dedica un tiempo a verlas bien. Realmente son muy bellas.

Continuando con las escaleras metálicas, la siguiente parada en ascensión es para ver las garras del león. Unas garras esculpidas en piedra que dan acceso al último tramo de escaleras antes de llegar a la antigua ciudad de Sigiriya. Las garras, de tamaño enorme, están en una explanada donde podrás hacer un mini descanso antes de continuar la subida.

La mayoría de visitantes hacen la subida a Sigiriya por la mañana, pues en gran parte del recorrido da la sombra y es muy de agradecer. Aunque hacerla al atardecer también debe ser precioso, por las vistas que se ven desde arriba del todo.

Después de varias fotografías tomadas, continuamos con el último tramo de escaleras y ansiosos por llegar para ver la mayor atracción turística de todo Sri Lanka. Y así, sudando la gota gorda llegamos a lo más alto de la roca. Descansas un poco, tomas aire otro poco más y chas!!! Allí están las ruinas de la antigua ciudad de Sigiriya. Acompañadas de unas espectaculares vistas. Si eres un amante de antiguas civilizaciones, este sitio te emocionará literalmente. Por su forma, por sus vistas y por todo el recorrido hecho. Hacía tiempo que queríamos ver este lugar y por fin estábamos alli, con lágrimas en los ojos y disfrutando de un paraíso en medio de selvas y con las montañas del norte a la vista.

Así que después de refrescarnos con el agua que habíamos llevado y deleitarnos un buen rato de todo lo que veíamos, nos dispusimos a bajar por el mismo camino de subida. Con la sensación de haber visto uno de los sitios más espectaculares del mundo. No hay que olvidar que es patrimonio mundial de la humanidad.

Ya en la bajada, pudimos ver más monos, unas cuantas libélulas, y hasta un halcón.

Nos llevamos un gran recuerdo de la ciudad antigua de Sigiriya.

A continuación decidimos relajarnos un poco en la genial piscina del hotel y esperar al atardecer para poder ver el atardecer en la montaña de Pidurangala. Esta montaña está en frente de Sigiriya rock y para llegar hasta la cima hacen falta un par de horas. La entrada es mucho más barata que su vecina, y con el valor añadido de que hay muy pocos turistas que suban por ella. Pero la mala suerte llegó cuando estábamos disfrutando de la piscina y empezamos a recibir mensajes sobre si estábamos bien y no nos había pasado nada. Fue un domingo negro para Sri Lanka que siempre quedará en el recuerdo. Una serie de atentados a hoteles e iglesias cristianas, hicieron del domingo de resurrección, un domingo de muerte y desolación para todo el país y los que estábamos allí. Algo consternados, decidimos esperar al día siguiente para decidir si continuabamos viaje o no. Pero como habíamos pensado antes, nos dispusimos a ir a la montaña de Pidurangala para ver el atardecer. Pero justo en la recepción del hotel nos dijeron que habían instaurado el toque de queda y que deberíamos estar en el hotel a las 6 p.m. eran las 16.30 cuando decidimos acercarnos hasta la montaña por si sonaba la flauta, pero en la entrada nos dijeron que solo teníamos una hora para subir y bajar. Tiempo insuficiente para nosotros. Así que finalmente decidimos no subir. El conductor de tuk tuk que nos había llevado se apenó por nosotros y nos llevó a un sitio desde el que se puede ver la distancia entre las dos montañas para que por lo menos pudiéramos ver algo de ella.

Tras quedarnos sin poder subir a Pidurangala, volvimos al hotel. Al día siguiente salíamos dirección Kandy y veríamos a ver si podíamos seguir viendo cosas o el país estaría sumido en vigilancia extrema, toques de queda y demás.

Día 3// Día 5