Puerto Madryn, Península Valdés.

De nuevo habíamos hecho noche en un autobús cama desde Bariloche hasta Puerto Madryn, una pequeñita población en la Península Valdés, de nuevo al este de Argentina. De nuevo volvíamos a ver el mar, en este lugar al que la gente viene a ver ballenas, pingüinos, lobos marinos y fauna argentina. Teníamos muchas ganas de venir. Siempre nos llama el poder ver animales en su hábitat natural, y aquí no íbamos a llevarnos ninguna decepción. La probabilidad de verlos era casi del 100%. En cuanto llegamos y tras dejar el equipaje en un Hostel, contratamos a un taxista para que nos llevará a una pingüinera no lejos de allí. Esta vez nos acompañó una nueva amiga que habíamos conocido en la estación de autobuses de Bariloche. Cómo viajaba sola, le invitamos a que hiciera la excursión con nosotros y así nos saldría algo más barato. A parte de que era un encanto. Aceptó a la primera. Ya que viajaba sola. Toda una aventurera.

La excursión consistía en ir a Puerto Pirámides y subir a una pequeña embarcación para ir a ver ballenas. Aquí, las ballenas pasan una buena temporada en sus aguas, por ser tranquilas y de una temperatura excelente para ellas y tener crías. Yo nunca había visto ballenas, así que mi expectación era máxima.

Nos pusieron unos chalecos salvavidas para subir a la embarcación y nos adentramos mar adentro, siguiendo la costa.

Y al poco rato llegamos a un punto en el cual vimos pingüinos, adelanto de un día maravilloso. Estaban en un islote.

De repente, la embarcación paró motores y todo quedó en silencio. Todos estábamos esperando con el corazón encogido. Y de repente…

Allí había varias ballenas dejándose ver tímidamente.

Enormes como ellas solas, casi temí por nuestra embarcación. Un pequeño golpe de alguna de ellas y nos íbamos directos al agua. Pero como animales tranquilos que son, fueron cuidadosos con nosotros y solo disfrutamos de su presencia.

Aún hoy en día se me eriza la piel al recordarlo.

Volvimos a Puerto Pirámides y desde aquí nos llevó el taxista a Punta Tombo, la pingüinera.

Una pingüinera consiste en un emplazamiento, muy cerca del mar pero algo alejado de la orilla. Aquí los pingüinos tienen sus nidos en forma de orificios, en la tierra de más o menos profundidad, donde depositan los huevos y los cuidan hasta que nacen las crías.

Vimos algún nido vacío con huevos solamente, debido a que los padres han de ir al mar continuamente en busca de comida, jugándose la vida a cada momento. Y dejando a las crías o huevos solos, arriesgándose también a perderlos.

llegar hasta la orilla supone un stress que no da ninguna envidia.

Vienen y van constantemente.

Paseaban delante de nosotros como si no existieramos.

Al ver lo que vimos y poder hacer estas fotos, los sentimientos se convirtieron en lágrimas de emoción. Por el sendero que te hacen ir, del cual no se puede salir, se aprecia alguna cala con lobos marinos y con elefantes marinos. Ese es el peligro que pueden tener los pingüinos.

Y hay que decir que el paisaje que veíamos nos pareció tan impresionante que se nos quedó grabado a fuego lento en nuestra memoria.

Aprovechamos para hacernos unos selfies.

Pero no solo vimos estos animales. También vimos guanacos, elefantes marinos, alguna avestruz y un armadillo. Otros animales que pueden haber son los zorros argentinos, maras, cormoranes imperiales, delfines obscuros y orcas. Las especies marinas tienen sus meses de pasar por aquí. Cada especie viene en meses diferentes.

Así acabamos con este safari de avistamiento de animales. Emocionados y alegres de haber podido verlos.

Desde Punta Tombo nos dirigimos a un pequeño pueblo llamado Gaiman. Pueblo fundado por los galeses que llegaron aquí a finales del XIX y que aún conservan muchas tradiciones galesas. Aquí aprovechamos para comer en un restaurante sencillo. El taxista nos llevó a la pequeña capilla de Bethel. Pero no estábamos muy interesados en verla. No tenía ni 100 años.

Le dijimos de tomar café en algún local antiguo. Y nos llevó al siguiente pueblo de camino a Puerto Madryn. Trelew.

En Trelew nos llevó hasta el Hotel, bar y confitería Touring Club, uno de los bares más antiguos de la zona. Creado casi con los primeros pobladores.

Tras tomar un refresco, volvimos ya sin paradas a Puerto Madryn, donde nos tomamos la tarde libre para pasear por la pequeñita ciudad.

Y aún tuvimos suerte y vimos alguna ballena más aunque esta vez no estábamos tan cerca.

A la mañana siguiente tuvimos el tiempo justo para pasear un poco por la playa y recoger equipaje hacia la estación de autobuses.

No olvidariamos nunca este día. Lo que vimos es para no olvidarlo.