Ushuaia – Parque Nacional Tierra del Fuego – Faro del Fin del Mundo – Islas de Tierra del Fuego (Patagonia Argentina)

24 horas en Ushuaia y alrededores

Llegamos a Ushuaia en Tierra del Fuego y en plena Patagonia Argentina, una tarde a eso de las 4 pm, recién terminada una tormenta. Eso nos dijeron. Nos habian recomendado y reservado otro hostel desde el Hostel de Calafate, y la verdad es que nos encantó.

Ushuaia es la típica ciudad o pueblo de unas tierras lejanas donde la nieve debe ser el paisaje único durante el invierno. Un paisaje alpino de unos habitantes que viven frente al mar pero flanqueados por enormes montañas con picos nevados.

Tiene una calle principal, a modo de eje de la ciudad, donde podrás encontrar buenos restaurantes y tiendas de todo tipo.

Mucha gente vive del turismo, ya sea en su parque nacional muy próximo a la ciudad, como en la zona del puerto. Donde siempre encontrarás alguna pequeña embarcación para descubrir animales en su hábitat natural. No muy alejado de la costa. El primer día no tuvimos más que el tiempo justo para voltear por el centro de la ciudad, y deleitarnos con una buena carne al estilo de corte argentino para entrar un poco en calor. Pasamos por un restaurante que tenía muy buena pinta y nos dieron mesa. Bodegón Fueguino. Cenamos muy bien, y nos fuimos a nuestro Youth Hostel que tenía calefacción radial en el suelo y era un dúplex con bohardilla. Se que durante toda la noche sopló un viento muy fuerte que nos hizo pensar que al día siguiente no haría muy buen tiempo.

Al día siguiente amaneció con bastantes nubes y nieblas. Teníamos previsto visitar el Parque Nacional Tierra del Fuego. Habíamos alquilado un coche y tras un desayuno sencillo nos pusimos en marcha hacia el parque.

En efecto el tiempo no acompañaba demasiado, pero por lo menos no llovía. Así que tras ingresar en él, pudímos ver grandes bosques por los que perderse.

El camino por el parque discurre alrededor de varios puntos de interés. Así que decidimos ir parando y hacer alguna caminata de paso.

Lo primero que vimos fueron unos caballos, por suerte ya habíamos montado en caballos en Bariloche.

Los bosques que veíamos eran muy frondosos y muy verdes. Nos parecía un paisaje espectacular. Ya solo faltaba que saliese el sol. Y la primera parada que hicimos fue en la Bahía Ensenada.

De ahí partía un camino de ronda por el que disfrutar del paisaje del mar y de la vegetación. También pudimos ver algunas aves que pasaban por allí.

Estuvimos caminando más de una hora, disfrutando de la naturaleza. Y esperando que se despejara el día. Vimos unos hongos que crecían en las ramas de los árboles, algo que nos pareció muy curioso.

También vimos unas algas preciosas, que se habían suicidado y estaban fuera del mar.

El paisaje nos dejaba maravillados, pero teníamos que volver al coche para seguir por otros parajes del Parque Nacional de Tierra del Fuego.

Y seguimos ruta. Llegamos a otro punto donde decidimos dar otro paseo. Bahía Lapataia. Y de nuevo nos pusimos a caminar.

Aquí a parte de ver algunas aves y patos, vimos como iba saliendo el sol tímidamente, hasta quitarnos la sensación casi de frío.

Estábamos a más de 3000 kms de Buenos Aires.

La paz que nos daban estos paisajes era total. Y casualmente nos encontramos con una zona donde se podían ver muchos troncos que salían del agua con puntas más o menos afiladas. Y totalmente secos. Resulta que era una zona donde podríamos haber visto castores, que son unos auténticos carpinteros, y que habían dejado su huella. Me hizo mucha ilusión a pesar de no haber podido ver a ninguno de ellos.

Estuvimos descansando un rato para apreciar y disfrutar del hermoso paisaje que veíamos.

Y seguimos hasta otro punto donde nos encontramos con el Tren del Fin del Mundo. Una atracción de este parque, donde puedes tomar el tren que a principios del siglo XX, llevaba a los presos de Ushuaia, hasta lo que hoy en día es el parque, para realizar trabajos forzosos e ir en busca de material para construcción. Es un trayecto de 8 kms y con unas dos horas para disfrutarlo. Nosotros no teníamos tiempo y además íbamos con el coche, por lo que no subimos a él.

Y así, viendo paisajes alpinos y disfrutando un montón, acabamos el recorrido.

Al llegar de nuevo a Ushuaia, nos dirigimos al puerto más turístico. Preguntamos si salía alguna embarcación para ver el famoso Faro del Fin del Mundo, y justo había uno que salía en una hora, con duración de tres horas, donde podías ver el faro, la isla de los pájaros y la isla de los lobos. Así que compramos los boletos, y aún tuvimos tiempo para ver alguna pequeña tienda de souvenirs próximas al puerto. Teníamos el tiempo justo para hacer el trayecto e irnos de nuevo al aeropuerto de vuelta a Buenos Aires.

Vimos unas aves que nos parecieron graciosas y en nada subimos a la pequeña embarcación que te lleva por el estrecho de Beagle.

Las vistas desde mar adentro de la ciudad de Ushuaia, no tenian desperdicio.

Y así como el que no quiere la cosa, nos llevaron hasta el Faro del Fin del Mundo. Es el faro más antiguo de toda Argentina que data del 1884. Situado en un islote y hoy reformado en madera. La embarcación pasa muchas veces alrededor del islote para que puedas fotografiar el faro desde todos los ángulos posibles. Así que no sufras.

Un pequeño pero precioso faro sobre un islote, que daba luz a los cientos de barcos que embarrancaban en los alrededores del cabo de Hornos.

Seguimos navegando por el estrecho de Beagle hasta que llegamos a la Isla de Lobos, llamada así pues sus únicos habitantes suelen ser los lobos marinos y algún oso marino.

Delante de ti en tu embarcación y a solo un salto entre ellos y tú. Descansando, de su agitada vida. Machos y hembras juntos, en su pequeño universo llamado islote. Como que la cosa no va con ellos. Les da igual que estés casi tocándolos. Te ignoran pero están ahí.

Una escena que no creo que olvide nunca.

Tras un rato contemplandolos, seguimos navegando hasta poco más lejos, hasta otro islote lleno de pingüinos.

Menudos espectáculos estábamos teniendo. Ni en los mejores cines.

Fue de lágrimas totalmente. Pero había que seguir ruta y esta vez nos detuvimos muy cerquita de la Isla de los Pájaros. Cientos de pájaros anidando y dando de comer a sus crías, jugándose la vida en el mar mientras buscas dicha comida.

Todo ese espectáculo me.pareció tan increíble que aún hoy se me eriza la piel al recordarlo.

Y como ya llevábamos más de dos horas navegando, nuestra pequeña embarcación se dispuso a hacer una parada en una pequeñita isla para que viéramos algunas aves más y su vegetación curiosa que crecía allí.

Una pequeña isla muy rica en diversidad teniendo en cuenta su reducido tamaño. Además desde allí pudimos ver casi como se.ponia el sol entre las nubes. Otros espectáculo más que nos brinda la Naturaleza y del que algunos aún no saben cuanta importancia tiene conservarla.

Así que entre paisajes alpinos, pingüinos, osos y lobos marinos, cormoranes y gaviotas y algún pájaro más que al no haber estudiado ornitología, no se sus nombres, y un faro en el fin del mundo, nos habíamos hecho una idea de cómo es toda la península de Tierra del Fuego, y las islas que la rodean. Habían sido 24 horas emocionantes y preciosas a la vez. Esta lejana parte del mundo es para volver más veces. Así que una vez acabada la excursión, volvimos al coche y para el aeropuerto de nuevo. Una super experiencia más de este país que deslumbra en todos sus sitios.